De marcha por las Merindades

 

Viaje a las Merindades

(Descripción de Miguel, con puntualizaciones de Chema y de Falele)

 

Día de ida (sábado)

 

Quienes fuimos: Carlos, Juana, Pepe, Merchi, Miguel, Cuca, Chema, Paloma. Falele, Maria Luisa, Charo, Joaquín y Marisa.

Tiempo frio y lluvioso. Quedamos frente al Monasterio San Salvador de Oña.

Localizamos como mas conveniente el Restaurant “Los 11 Brutos” donde comimos aceptablemente y donde el dueño hizo honor al nombre que le puso al bar su abuelo.

Visitamos la Iglesia de San Salvador de Oña, la del Conde castellano Sancho García y su hija Tigridia. Habría que destacar las tumbas en madera policromada de los condes castellanos. Destacamos igualmente las pinturas murales al fresco de estilo gótico donde se cuenta la vida de Santa María Egipciaca, pero puesto a conocer la vida de esta santa, mejor es leer la vida de Thais, la puta santa que es la misma Egipciaca y que nos cuenta Anatole France. Los jardines fueron un bonito lugar para tomar el picnic

 

Continuamos el viaje pasando por Tobera donde visitamos su ermita y las cascadas.

 

Pasamos por Frías, donde contemplamos el conjunto de la ciudad monumental y divisamos el castillo desde la base de la muralla, aunque algunas hicieron una incursión por la ciudad. Queda pendiente para otra visita ver tan espléndida ciudad y el puente sobre el Ebro.

 

De allí fuimos del tirón a Espinosa de los Monteros y luego a Quintana de los Prados donde teníamos alquilada la Casa Rural El Cajigal.

La casa nos dio acomodo suficientemente cómodo. Si hubiéramos sido mas hubiera sido escasa. Además las anunciadas habitaciones cuádruples, cada una de ellas en teoría para dos pareja, parecieron inexistentes. Pero hubo voluntad de alojarnos bien a todos sin requerir usar el sofá cama del salón. Los espacios comunes bien dotados, amplios y confortables. El entorno de la casa inmejorable en árboles y prados. La hostelera amable, amigable y muy locuaz.

 

La idea para esta ocasión de llevar comidas preparadas ha sido todo un éxito y nos ha permitido transformar la estancia en una fiesta gastronómica.

Ya la primera noche degustamos un caldo gallego riquísimo y abundante que venía que ni de perlas porque la noche era fría y muchas las hambres. Acompañamos el caldo con tortillas, y olorosos quesos de Toulouse y vinos de Burdeos que desde la Francia nos trajeron Chema y Paloma. Solo para una cena así merecía la pena el viaje. Pero lo mismo cabe decir de las siguientes comidas, ya no cenas, como los judiones de la granja con oreja, y jamón y chorizo, que Juana y Carlos habían elaborado y que nos dieron para comer e invitar. Y la fantástica sopa de tomate roteña que Merchi y Pepe trajeron y que estaban increíblemente buena, aunque hecha de tan sencillos ingredientes, acompañada de un lomo a la sal que dio para cenar un día y para repetir en la comida en el Hayedo del Monte de Santiago y delante del mismísimo Ojo de Guareña.

En este viaje no solo las delicias han sido gastronómicas. El turismo y las marchas fueron de disfrute. Remarcamos algunas-

 

El segundo día, domingo, aprovechamos la oportunidad de disponer de guía que nos podía abrir algunas iglesias, para hacer una ruta por el Valle de Mena.

 

Quiero introducir al guía, de nombre Jorge, vasco de Valmaseda, hombre polifacético, colaborador con las instituciones locales en la atención y guía de turismo, que aún siendo profesional de la mecánica y organizador de eventos motorísticos se ha documentado a fondo en los temas histórico y cultural del románico local y tiene una asombrosa habilidad como presentador y divulgador. De su mano hicimos las visitas a varias Iglesias y pueblos del Valle de Mena.

 

La primera visita fue a la Ermita de Nuestra señora de Cantonad ubicada en una atalaya con magnificas vistas sobre el Valle de Mena. Ver descripción con curiosidades sobre el origen del culto de esta ermita también relacionada con La Egipciaca:

http://valledemena.webcindario.com/cantonad/index.htm

 

Su interés artístico es reducido, pero su entorno es magnífico, con endemismos botánicos y fauna especial como el lirón careto, que alguien confundía con otro animal de nombre parecido y asesino de conejos. Desde allí se bajaba el pueblo de Cantonad de Mena haciendo un recorrido por estrechos caminos entre la abundante vegetación por donde surgían de vez en cuando casonas de indianos medio abandonadas.

 

De Cantonad fuimos a Lezana de Mesa a ver la Torre de Los Velasco, vista por fuera, porque aunque la enseñan por dentro, el propietario tenía huéspedes inmolestables:

https://es.wikipedia.org/wiki/Lezana_de_Mena

 

La siguiente visita fue al pueblo de Siones, donde vimos una de las maravillas del románico, la Iglesia de Santa Maria de Siones

https://es.wikipedia.org/wiki/Iglesia_de_Santa_Mar%C3%ADa_(Siones)

De esta Iglesia recordaremos como nuestro guía nos hizo ver cantidad de elementos icónicos en un relato subyugante e imaginativo. Así, el ábside como una nave de los nibelungos, nave reflejada en ambos extremos, con escotillas por donde asomaban caritas embutidas en piedra, los caballeros templarios, los pecados representados por el perro con cascabel y el conejo de las orejas, el demonio y la lengua viperina, las caritas juntas del juicio de Pilatos, y la columna celestial con el Ave del Paraiso

 

Después visitamos la Iglesia de San Lorenzo en Vallejo de Mena. Sobre sus orígenes hay controversias, que si los templarios, que si los hospitalarios, aunque la mas interés suscita es la de la donación de Doña Endrequina de Mena:

http://juancarlosmenendez.blogspot.com.es/2009/08/vallejo-de-mena-iglesia-de-san-lorenzo.html

 

Para una jornada parecía suficiente, y nuestro guía nos llevó a su pueblo adoptivo, Villasana de Mena, capital del municipio del Valle de Mena, donde contemplamos por el exterior un monasterio, casas principales, y por el interior un bar principal.

 

Como terminamos a buena hora, ya en la casa dimos buena cuenta de los judiones, y fue necesario hacer un paseo marcha desde Quintana a Espinosa y vuelta, por el montecillo en paralelo a la vía de ferrocarril, lo que nos dejó ya ventoseados y en total relajo.

 

El tercer día, lunes, ya sin nuestro guía, hicimos una ruta por el Valle de Losa. El día terminó abriéndose y disfrutamos de sol primaveral.

En primer lugar y de tirón fuimos al Monte de Santiago, monumento nacional en forma de hayedo meridional que ya habíamos visitado con motivo de balnearios previos. Pero esta vez después de acercarnos al mirador sobre el salto del Nervión, con vistas al Valle de Arrastaria, hicimos el recorrido por el borde del cortado hasta el mirador frente a Orduña, marcha bellísima, corta pero incómoda. Y volvimos al Monte Santiago donde hicimos el deseado picnic.

https://turismovasco.com/araba/que-ver-araba/salto-del-nervion/

 

Es curioso que en los límites provinciales en Monte Santiago allí el alto del barranco es Burgos y el fondo, Álava. Como ocurre en Valpuesta que siendo de Burgos se entra por Villanueva de Valdegobía y se sale por Bóveda, ambas poblaciones de Álava.

 

En Valpuesta, donde visitamos la Colegiata, quedamos impresionados por la historia de los cartularios de Valpuesta

 

http://www.elmundo.es/elmundo/2010/11/07/castillayleon/1289123856.html

 

Nos enseñó la colegiata un vecino, vasco enamorado del románico, quien nos comentó que si la colegiata estuviera bajo la administración vasca, otro gallo cantaría en lo relativo al deterioro, abandono y lamentable estado en que se encuentra. Y es que a pesar de la belleza e interés de este monumento, no se explica que las autoridades políticas y eclesiásticas hayan propiciado semejante despropósito.

Sin duda hay que estacar los esfuerzos de estos vecinos vascos por mantener el monasterio de los cartularios castellanos, y como nació Castilla incrustada en territorio euskaldún.

 

http://www.valpuesta.com/la-colegiata-el-tesoro-de-valpuesta/

 

Nuestra siguiente visita fue a la Iglesia San Pantaleón de Losa, imprescindible por la belleza de la Iglesia y por su ubicación sobre una atalaya con apariencia de quilla de un rocoso transatlántico con vistas al valle. Sorprende que no se haya habilitado un acceso mas conveniente porque la pista de subida es estrechísima y asustante. El parquín reciente se ha construido junto a una inmensa torre de tendido eléctrico que envilece el sacro valor del entorno. Hay que pedir que desplacen la maldita torre. Claro que ha habido mucha mejora, porque hace diez años la iglesia estaba habitada por rebaños de cabras y el suelo era pura cagarruta. Ahora las ovejas son las feligresas habituales.

 

Terminamos el recorrido con Cañón de cerveza en Quincoces de Yuso.

 

Nuestra cena fue la afamada sopa de tomate y lomo a la sal, que nos dejó listos para elaborar unos mojitos, esta vez roteños, y dormir a pierna suelta.

 

El cuarto día, martes, día de cuentas y retorno, hicimos planes montañeros y de turismo. La excursión fue parte de la Canal del Castro Valnera desde el poblado pasiego de El Bernacho. Elegimos una ruta por el Puerto de Lunada, no muy distante de Espinosa. Al final de la pista apretaba el viento frio, y por ello elegimos un sendero que protegido de los vientos se adentra por un hayedo hasta que llegamos a la nieve que cubría la senda y excedía nuestro ánimo. Así que volvimos para visitar Ojo de Guareña. El día era de cierre del Centro de Interpretación y la Cueva. Así que elegimos mesa junto al roble icónico e hicimos un frugal picnic con todas las delicias sobrantes.

Mejor opción hubiera sido hacer el picnik en Ojo Guareña y haber visto todos la ermita de San Bernabe que mereció la pena, para los que la visistaron.

 

La vuelta era lo programado, excepto para nuestros amigos del sur, que habían decidido dedicar otros días al románico palentino. Algunos pararon en Frias (esta vez si nos percatamos del puente sobre el Ebro). Mereció la pena pasear por el pueblo y entrar en el castillo.

 

En cuanto a la continuación  del viaje del trío sureño, ahí va el resumen:

Con Paloma y Chema, valientes, en siete kms., desde la última comida, estábamos en el sumidero de Ojo Guareña, con unas mesas estupendas para comer, subimos en coche al aparcamiento de arriba para bajar a la ermita rupestre y a la cueva, que estaban cerradas, pero solo el entorno merecía la pena. Comprobamos que había un sendero que unía los dos lugares.

Ya solos, camino de Villarcayo, llegamos a Puentedey para pasar bajo el arco natural labrado por el río Nela, sobre el que se asienta el pueblo. Y dos kms. más adelante, vimos la cascada de la Mea, con poca agua.

Llegamos a Soncillo, cogimos la carretera Santander a Burgos, en ese sentido para desviarnos en el fondo del valle del Ebro por una carretera comarcal a Orbaneja del Castillo, pueblo espectacular con su cueva que escupe un río que atraviesa el pueblo y cae hacia el Ebro en una cascada de poca altura pero muy ancha.

Seguimos la carretera comarcal, Ebro arriba, y, al poco, entramos en el Valle de Valderredible de Cantabría, donde vimos la iglesia románica de San Martín de Elines y dejamos por el camino varias iglesias rupestres.

Llegamos a la autopista Santander-Palencia y al poco, anocheciendo, a Aguilar de Campoo, hotel, cenar y a dormir. En el hotel, nos dijeron que el lunes había comenzado la exposición Las Edades del Hombre 2018, una suerte porque iglesias de los pueblos que están cerradas normalmente, nos las encontramos visitables.

El día siguiente, miércoles, visitamos varias iglesias románicas al norte de Aguilar: San Salvador de Cantamuda, San Cebrián de Mudá, Villanueva de la Torre (nos la enseñó la señora Carlina que salió en un programa de Calleja sobre la zona), Revilla de Santullán, Cillamayor y Matalbaniega. Por la tarde visitamos el convento de Santa Mª la Real, gestionado por una Fundación que fundó Peridis, entre otros. Y luego, unas raciones en la Plaza Mayor.

Como teníamos que comer en Ciudad Rodrigo, solo vimos por fuera y de camino la ermita de Santa Cecilia de Aguilar, la iglesia  rupestre de Olleros de Pisuerga y las románicas de Moarves y San Andrés del Arroyo.

Para terminar, Ciudad Rodrigo, doblemente maltratada en la Guerra de la Indepencia, primero por los franceses y después por los ingleses. Ciudad monumental, murallas, palacios, iglesias. Y a Trujillo por el Puerto de Perales en la conocida Sierra de Gata, a descansar y al día siguiente tempranito para Sevilla y Rota.

En definitiva, que hemos pasado unos días estupendos en buena compañía y bien atendidos, la señora Inma se merece un 10 pues tuvo un gran detalle cediéndonos las habitaciones de sus hijas. La única pega que puedo poner es la de la distancia para los del sur. Bueno, esto y lo anterior lo digo yo; Merchi y Pepe, si tenéis algo que quitar, añadir o mejorar, la puerta está abierta.

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